20_04_22

“Santa Esclavitud de Amor”





INTRODUCCIÓN 



“Establecer en el mundo la devoción al Corazón Inmaculado de María significa llevar a las personas a una plena consagración de conversión, donación, íntima estima, veneración y amor. Es pues, en este espíritu de consagración y conversión en el que Dios quiere establecer en el mundo la devoción al Corazón Inmaculado de María”. (Hna. Lucia, Anuncios del Mensaje de Fátima) 



Como medio seguro de practicar una tierna y filial devoción para con la Virgen Madre de Dios, asegurando el Triunfo de su Inmaculado Corazón en nuestras almas, tenemos la vivencia de la Total Consagración para con Ella, o la “Santa Esclavitud de Amor”, así como nos fue propuesto por Luís María Grignion de Montfort, en quien encontramos su expresión más perfecta, y que ya en el siglo XVIII se volvió una devoción popular. 

Esta Consagración a la Virgen Santísima, experimentada y vivi- da por innumerables santos tales como Santa Teresita del Niño Jesús, San Juan María Vianney, San Padre Pio, entre otros, bien como por el añorado Papa Juan Pablo II, consiste en entregarnos totalmente a la Madre del Cielo (todo lo que tenemos y somos) para que a través de Ella pertenezcamos más perfectamente a Jesús. 

Nuestra total entrega como aquí es presentada, tiene como finalidad unirnos a Jesucristo y hacernos crecer cada vez más en su Gracia. 

Al entregarnos, de esta forma a Nuestra Señora, estamos abiertos a su acción de Madre, Maestra y Formadora para así cumplir, en nuestra vida, la Santísima Voluntad de Dios. 

San Luís María G.de Montfort, llama a la Santa Esclavitud “La Verdadera Devoción”, simplemente porque Ella nos muestra quién es Nuestra Señora, su lugar en el plano de la salvación y su misión en la vida de la Iglesia y de cada uno de nosotros. La pureza doctrinaria de esta devoción mariana nos invita a lanzarnos a los cuidados de María, atendiendo al mandamiento de Jesús, que mirándonos, nos dijo: “He aquí a tu Madre”. Por tanto, por la Total Consagración de nosotros mismos a la Santísima Virgen, estamos dando nuestro SÍ a Jesús, que nos La dio por Madre, a fin de que Ella nos enseñe a hacer todo lo que Él mandó. 

Desde el punto de vista pastoral, la necesidad y eficacia de la Santa Esclavitud, son siempre actuales, ya que esta Consagración no es más que una perfecta renovación de nuestras promesas bautismales. De hecho, los Concilios, así como varios Papas, hablarán sobre la necesidad de recordar a los cristianos los votos del Bautismo y su estado de pertenencia a Dios. Así, por la Total Consagración confirmamos la soberanía de Nuestro Señor y también de la Santísima Virgen sobre nosotros; solo que ahora somos nosotros mismos los que renovamos las promesas bautismales a través de María, como quiere Jesús, para que Ella nos enseñe a ser fieles a los deseos de Cristo y a renunciar a todo mal. 

Acordémonos que la Santa Esclavitud de Amor es una Consagración de Devoción que para poner en práctica conscientemente, debemos activar en nosotros la Consagración bautismal, viviendo y dan- do testimonio con profundidad de nuestra pertenencia a Dios. En ella debemos dar espacio a la Virgen Bendita para que Ella pueda ejercer sobre nosotros su maternidad espiritual, engendrándonos para la santidad y el apostolado. Sólo así, a través de esta Total Entrega conseguiremos, por medio de Ella, estrechar los vínculos con Dios, Nuestro Se- ñor Soberano.
Es, pues, de gran urgencia y necesidad, para que apodamos contribuir a la mayor gloria de Dios y a la salvación de las almas que estemos atentos a su Santa Voluntad y también a su pedagogía...
En la introducción al Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, libro este, en que la doctrina y la espiritualidad de la Esclavitud Mariana fueron inmortalizadas, nos dice San Luís María G. de Montfort: “Fue por medio de la Santísima Virgen por lo que Jesucristo vino al mundo y por medio de Ella debe reinar en el mundo”. (TV.D.O1) o sea, “El Reinado de María” será el medio por el cual se dará el Reinado de su Hijo Jesús. 

En Fátima, en el año 1917, Nuestra Señora en sus apariciones a los tres pastorcillos, confirma la profecía de San Luis cuando anuncia: “Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará”, indicando también a su vez, el medio que la Divina Providencia nos da para que acontezca este triunfo “Mi Hijo quiere establecer en el mundo la devoción a Mi Inmaculado Corazón”. Justamente aquí debemos estar atentos pues, la devoción que Jesús quiere establecer al Inmaculado Corazón de su Madre Santísima no puede ser cualquier devoción sino, la más perfecta, donde podemos fácilmente encuadrar la Total Consagración, tal como nos la presenta San Luís y por la cual verificamos tan bellos frutos de vida en el pontificado del Papa Juan Pablo II, cuyo lema fue TOTUS TUUS. 

La profecía de Fátima nos aclara lo que enseña San Luís en sus escritos... “Ese tiempo (“El del triunfo y reinado de María”) sólo llegará cuando se conozca y practique la devoción que os enseño” (T.V.D.217). 

Los designios de Dios son claros: el Reino de Cristo se establecerá por el Reino de María, y éste a su vez por la propagación de la vivencia de una verdadera y perfecta devoción a Ella.
De ahí comprendemos lo que lleva al enemigo infernal a querer evitar esta devoción mariana a través de la diseminación del materialismo y del hedonismo. En consecuencia, vemos como es de extrema importancia, que TODOS (independientemente del grupo, movimiento y comunidad en el que participa) conozcan, hagan, vivan y propaguen la Total Consagración a Nuestra Señora, ya que ésta forma parte del patrimonio devocional de la Santa Iglesia y nos lleva a vivir con intensidad y fidelidad los deberes de estado. 



La misión que Jesús dio a Nuestra Señora fue la de formar verdaderos adoradores de Dios, por eso no debemos tener escrúpulos en dedicarnos a la vivencia de esta total donación a Ella. 

El propio Concilio Vaticano II, en su Constitución Dogmática Lumen Gentium 66, afirma con relación a las variadas formas de piedad con la Madre de Dios: “...hacen que, en tanto se honre a la Madre, el Hijo, por Quien todo fue creado (cf. Col 1,15-16) y en el Cual por Gracia del Padre Eterno reside toda la plenitud (Col 1,19) sea debidamente conocido, amado, glorificado y que sean guardados sus mandamientos”. Por la Total Consagración, acogemos a María en nuestra casa y Ella nos acoge en la escuela de su Inmaculado Corazón, donde aprenderemos el verdadero amor a Dios y al prójimo, así como, las demás virtudes que harán de nosotros verdaderos cristianos. Además nos aclara esta misma constitución dogmática: “Además saben los fieles que la verdadera devoción no consiste en un estéril y transitorio afecto, ni en una cierta credulidad sino que procede de la fe verdadera por la cual somos llevados a reconocer la excelencia de la Madre de Dios, impulsados a un amor filial hacia nuestra Madre, y a la imitación de sus virtudes” (LG 67). 

En estos tiempos, en los que se intensifica la batalla espiritual entre la Santísima Virgen y el espíritu de las tinieblas, seamos apóstoles de la Santa Esclavitud, y dentro de esta devoción apliquémonos en sus prácticas exteriores como la oración del Rosario, tan solicitada en el “Mensaje de Fátima” y propagada por tantos santos, cómo el Beato Bartolo Longo, que nos dejó esta feliz cita: “El Rosario bendito de María, dulce cadena que nos prende a Dios, vínculo de amor que nos une a los Ángeles, torre de salvación contra los asaltos del infierno, puerto seguro en el naufragio general, no te dejaremos nunca jamás. Serás nuestro consuelo en la hora de la agonía”. 

Para que nuestra consagración personal a la Santísima Virgen no sea una acción ocasional o mero devocionismo, es menester que adquiramos la conciencia de que Ella nos introduce en lo profundo del cristianismo, en cuanto que es una consagración a Jesús con María y por medio de Ella. Para tal, es necesaria una preparación adecuada, acompañada de un esclarecimiento profundo acerca de su sentido y de un compromiso serio con la ardiente vivencia de la espiritualidad cristiana, donde una asidua meditación y el conocimiento catequético estarán presentes para dar verdadero significado a este acto de total entrega al Señor por las manos de su Santísima Madre. 

Con el objetivo de contribuir a una piadosa y fructuosa preparación de este paso tan significativo, proponemos aquí un itinerario preciso, compuesto de una serie de oraciones, lecturas espirituales y meditaciones, adaptadas del Libro de Consagración a Nuestra Señora de Don Antonio Alves Siqueira, que nos estimulará en la reflexión y mayor conocimiento de nuestra vocación cristiana, como también de María Santísima y de Jesucristo, aumentando el amor hacia Ellos. 

De esta forma, después de leer el Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen y de concienciarnos de lo que es esta consagración y de cómo debemos vivirla, podemos por fin marcar una fecha mariana para realizarla precediéndola de los ejercicios preparatorios que siguen, imbuidos de un espíritu mas recogido. 

Los ejercicios preparatorios duran treinta días y su secuencia ha de respetar la siguiente estructura: 

I - Doce días preliminares - para el desapego del mundo.
II - Primera Semana - dedicada al conocimiento de sí.
III - Segunda Semana - dedicada al conocimiento de la Santísima Virgen.
IV - Tercera Semana - para el conocimiento de Jesucristo.
Al final, se debe hacer una confesión general. 

Hallamos oportuno entre tanto, proponer algunas jaculatorias que serán recitadas durante los días en que hacemos el ejercicio espiritual, con la finalidad de mantener el interior en sintonía con el tema de la meditación propuesta. 

Concluyendo, queremos que las palabras de San Luís nos traigan la motivación necesaria para participar en el ejército de Nuestra Señora, como apóstoles valerosos que ansían el triunfo de su Corazón Inmaculado...
“¿Cuándo llegará ese feliz tiempo en el que María será establecida Señora y Soberana de los corazones, para someterlos plenamente al imperio de su grande y único Jesús?
¿Cuándo llegará el día en que las almas respirarán a María como el cuerpo respira el aire? Entonces cosas maravillosas acontecerán en este mundo, donde el Espíritu Santo encontrando su querida Esposa reproducida en las almas descenderá a ellas abundantemente llenándolas con sus dones, particularmente con el don de la sabiduría, a fin de operar maravillas de gracia. Mi querido hermano, ¿Cuándo llegará este tiempo feliz, ese siglo de María en que innumerables almas escogidas, perdiéndose en el abismo de su interior, se volverán copias vivas de María, para amar y glorificar a Jesucristo? Ese tiempo sólo llegará cuando se conozca y practique la devoción que enseño”. (T.D.V.217). 


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