18_06_05

NOVENA AL INMACULADO CORAZÓN DE MARIA Día 6




NOVENA AL INMACULADO 
CORAZÓN DE MARIA

Día 6


PREPARACIÓN


Señor mío Jesucristo, Creador, Padre y Redentor mío, ahí tenéis postrado a vuestros pies a este miserable pecador que, arrepentido de sus pecados, acude a Vos como a la fuente de toda gracia, e invoca vuestro Santo Nombre para hacer devotamente esta novena. Vos, Señor, os habéis reservado de una manera especial el principio de toda buena obra, y sin Vos es imposible aun el deseo de hacer el bien. La misma gracia que ha dirigido mis pies a este santo templo, y descubierto a mis ojos esta sagrada imagen fuente de todo amor y consolación, espero que continúe en mí su obra y la llevará a su perfección.
No permitáis pues, Señor, que mi espíritu se distraiga en otros pensamientos que los que Vos en este breve rato os dignéis excitar en él, y que mi corazón, ajeno y purificado de todos los afectos de la tierra, sólo se abra a los purísimos sentimientos de amor y ternura que nos habéis enseñado en este símbolo vivo de toda caridad y amabilidad. Somos tan carnales y tan propensos a todo lo que halaga nuestros sentidos que, con frecuencia, torcemos a fines enteramente opuestos los mismos objetos que vuestro amor nos propone para despegarnos de la carne, y confundiendo nuestra sensibilidad con los puros y santos afectos de vuestro amor, muchas veces nuestra devoción y compunción no pasa de un sentimiento material y tierno. Hacednos por lo mismo la gracia de que al considerar los afectos del Corazón Inmaculado de María entremos en este tabernáculo del amor de la ternura con aquellas castas disposiciones dignas del tálamo de la más pura de las vírgenes. Y con mayor instancia imploro en este momento vuestra gracia, porque si llegase a tal punto mi insensibilidad que mi corazón permaneciese frio en medio de este incendio, podría con razón temer que había merecido el castigo de que vuestro amor me abandonase a mi indiferencia. Sin duda mis pecados ésto y más han merecido; pero vuestra gran misericordia los cubre todos, y vuestra bondad no repara en la ingratitud pasada del que implora con humildad vuestro perdón. Así nos lo hace esperar este Corazón cuyos santos y purísimos afectos nos proponéis como modelo de los más puros y generosos sentimientos, y como prenda de toda suerte de gracias y merecimientos. Por el Corazón Inmaculado de María, en cuyas venas se formó la Sangre que fue derramada por nosotros en la cruz, concedednos la gracia de hacer con fruto esta novena.


DÍA SEXTO

AMOR DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA A LOS HOMBRES

1°. Considera que el Inmaculado Corazón de María ama a los hombres porque los ve amados con un amor infinito por Jesús. El amor que tiene María a Jesucristo es un amor incomprensible, y por lo mismo que ama a Jesús ama todo lo que es de su agrado. Y amándonos Jesús hasta el punto de protestar que tiene sus delicias en vivir con los hijos de los hombres, María no puede menos de amar en sumo grado aquellas criaturas tan caras al Corazón de Jesús. Así la madre de un hijo único, en quien ha puesto todo su afecto y sus esperanzas, para no apartarse de él llama a su casa otros niños para que juegue con ellos, y si les demuestra benevolencia y amor, ella también los ama por amor de su hijo. Y por lo mismo el amor de María a los hombres es semejante en lo posible al que le tiene el Corazón de Jesús, porque de este recibe el movimiento y los motivos.

2°. Considera como este amor a los hombres creció en María por el sacrificio que costó a su Corazón su redención. Cuantos mayores trabajos se sufren por un objeto amado, tanto más crece el amor que se le tiene, porque el valor de nuestros sufrimientos le hace más precioso a nuestros ojos y más digno de nuestro afecto. ¿Qué dolores no sufrió el Corazón de María por la salvación de los hombres, por lo cual dio su consentimiento a la dolorosísima e ignominiosa muerte de su divino Hijo? Nosotros somos aquellos por quienes vio con alegría morir a aquel Hijo a quien amaba más que a sí misma, y este sacrificio aumentó sobre toda ponderación su amor respecto de nosotros, precio de la muerte de Jesucristo. ¿Cuán doloroso por lo mismo debe ser para su Corazón la vista de aquellos pecadores obstinados, que, no obstante de ser redimidos con la Sangre de su divino Hijo, se arrojan voluntariamente en los tormentos eternos? Sería un dolor cruelísimo para una madre el ver a un siervo rescatado por su hijo a precio de mil peligros y fatigas colgado en una horca por sus maldades; ¿cuánto, pues, no afligirá al Corazón de María la condenación de tantas almas que le cuestan la Sangre y vida preciosa de su Hijo?

3°. ¡Qué incremento no debió tomar en el Corazón de María este amor a los hombres cuando fue instituida su Madre de Gracia! La naturaleza no instituye la madre sin infundir en su corazón un amor proporcionado a este oficio, y Jesús no haría que María pasase a ser Madre nuestra de Gracia, sin infundir en su Corazón la cualidad de amor que correspondía al amoroso oficio a que la destinaba. Por esto mismo ha inspirado igualmente a nuestros corazones un tierno amor de hijo hacia María; amor sensible aun en el corazón de los pecadores; amor que nos fue dado para que hubiese íntima correspondencia entre el Corazón de la Madre y los corazones de los hijos. Si, pues María nos ama con un amor y Corazón de Madre; ¿qué cosa puede haber más propia y adecuada para excitar nuestros corazones al amor del Inmaculado Corazón de María que el proponérnosla amándonos con un amor de Madre, con un amor superior al de las madres dadas por la naturaleza, con un amor de Ángel y de Santo; con un amor tierno, solicito, activo, compasivo, constante, inexhausto, con amor de madre en fin dada con largueza por la divina paternal misericordia a los hombres para su salud.


COLOQUIO

¡Oh Virgen, Madre de Nuestro Señor Jesucristo!, dulcísima Madre nuestra, ¡cuántos dolores ha costado a vuestro Corazón este dulce Nombre! Si al menos os quedase la satisfacción de haber encontrado en nosotros hijos reconocidos y fieles a vuestro amor… ¡Oh! que más bien habéis hallado una nueva fuente de aflicción y tristeza para vuestro Corazón. ¿Somos hijos vuestros los que os llamamos con el dulce nombre de Madre de Misericordia, y con nuestra desobediencia, y con las heridas que renovamos en el Corazón de vuestro Jesús, os hacemos la madre de los dolores y de las miserias? No será ya más así, Madre Nuestra, desde ahora nos resolvemos a ser hijos vuestros verdaderos por amor y por fidelidad. No abandonéis estos miserables porque han desmerecido por su conducta ser hijos vuestros; de aquí en adelante nos llamaremos vuestros siervos, vuestros súbditos. Mas como vuestro amor no toleraría el que no os llamásemos con el dulce nombre de Madre, y nosotros nunca pudiéramos despojarnos del nombre de hijo que despierta en nuestro corazón y el Vuestro la ternura y el afecto, proseguiremos llamándoos Nuestra Madre, para que os compadezcáis y apiadéis de nuestras enfermedades, y con el suave bálsamo del amor materno que brota de vuestro Corazón curéis nuestras heridas que chorrean sangre. ¡Oh Madre Nuestra! ¡Madre dada a nuestro amor por el buen Jesús! tened piedad de vuestros hijos. Amén.


OFRECIMIENTO

Os damos gracias, Señor y Dios nuestro, por los sentimientos y afectos que en esta meditación nos habéis inspirado; os los ofrecemos en holocausto por nuestros pecados. Os los ofrecemos, Señor, para que los purifiquéis de sus defectos e imperfecciones, y los hagáis vuestros y dignos de vos. En este breve rato, que hemos ocupado en la consideración de los afectos que sintió el Corazón Inmaculado de María, hemos sentido nosotros también nuevas y fuertes impresiones; y el contraste de tanta pureza y amor con la sentina de nuestros vicios y maldades, ha excitado en nuestro corazón deseos vehementes de participar de aquellos dones de que Vos con tanta largueza llenasteis el Corazón de vuestra Madre. Nuestro corazón ha latido de amor y ternura junto al Corazón de María, y aunque embotarlas y flojas sus cuerdas han resonado heridas por el impulso del Corazón de Nuestra Madre, el corazón de un hijo no podía permanecer frío e insensible cuando su Madre padece, gime, suspira, llora, goza. Introducidos en el Corazón Inmaculado de María hemos examinado los resortes de aquellos actos purísimos de que fue instrumento, y nuestros ojos de carne han visto las conmociones íntimas y tiernísimas que le agitaban, y lo que nuestro espíritu apenas creía, se nos ha presentado con una luz y claridad que nos es imposible desconocerlo. Hemos puesto la mano sobre aquel Corazón Inmaculado, y nuestra fe, como Santo Tomás, ha reconocido a su contacto los dones de vuestra gracia. Hemos sentido derretirse como cera aquel corazón al ardor de vuestros amorosos rayos, para que pudiese derramarse todo entero sobre nosotros. ¡Ah Señor, no sean pérdidas para vuestras criaturas tantas gracias! vuestra misericordia está interesada en que correspondan a los designios de vuestra bondad. Haced que grabados profundamente hasta penetrar de parte a parte nuestro corazón estos sentimientos, perseveren en el propósito sincero que hemos formado de ser de día en día más sensibles a vuestro amor, y apartar nuestra alma de los placeres sensuales y mundanos que solo engendran fastidio y amargura. Oíd, Padre de toda bondad, por el Corazón de vuestra Madre y nuestra estas súplicas que os dirigen vuestros hijos, y haced que sus obras sean dignas de Vos, y de la gloria que les habéis preparado en el Cielo. Amén.







NOVENA AL INMACULADO CORAZÓN DE MARIA Día 5



NOVENA AL INMACULADO 
CORAZÓN DE MARIA

Día 5


PREPARACIÓN


Señor mío Jesucristo, Creador, Padre y Redentor mío, ahí tenéis postrado a vuestros pies a este miserable pecador que, arrepentido de sus pecados, acude a Vos como a la fuente de toda gracia, e invoca vuestro Santo Nombre para hacer devotamente esta novena. Vos, Señor, os habéis reservado de una manera especial el principio de toda buena obra, y sin Vos es imposible aun el deseo de hacer el bien. La misma gracia que ha dirigido mis pies a este santo templo, y descubierto a mis ojos esta sagrada imagen fuente de todo amor y consolación, espero que continúe en mí su obra y la llevará a su perfección.
No permitáis pues, Señor, que mi espíritu se distraiga en otros pensamientos que los que Vos en este breve rato os dignéis excitar en él, y que mi corazón, ajeno y purificado de todos los afectos de la tierra, sólo se abra a los purísimos sentimientos de amor y ternura que nos habéis enseñado en este símbolo vivo de toda caridad y amabilidad. Somos tan carnales y tan propensos a todo lo que halaga nuestros sentidos que, con frecuencia, torcemos a fines enteramente opuestos los mismos objetos que vuestro amor nos propone para despegarnos de la carne, y confundiendo nuestra sensibilidad con los puros y santos afectos de vuestro amor, muchas veces nuestra devoción y compunción no pasa de un sentimiento material y tierno. Hacednos por lo mismo la gracia de que al considerar los afectos del Corazón Inmaculado de María entremos en este tabernáculo del amor de la ternura con aquellas castas disposiciones dignas del tálamo de la más pura de las vírgenes. Y con mayor instancia imploro en este momento vuestra gracia, porque si llegase a tal punto mi insensibilidad que mi corazón permaneciese frio en medio de este incendio, podría con razón temer que había merecido el castigo de que vuestro amor me abandonase a mi indiferencia. Sin duda mis pecados ésto y más han merecido; pero vuestra gran misericordia los cubre todos, y vuestra bondad no repara en la ingratitud pasada del que implora con humildad vuestro perdón. Así nos lo hace esperar este Corazón cuyos santos y purísimos afectos nos proponéis como modelo de los más puros y generosos sentimientos, y como prenda de toda suerte de gracias y merecimientos. Por el Corazón Inmaculado de María, en cuyas venas se formó la Sangre que fue derramada por nosotros en la cruz, concedednos la gracia de hacer con fruto esta novena.


DÍA QUINTO

HUMILDAD Y MANSEDUMBRE DEL INMACULADO CORAZON DE MARÍA

1°. Considera la humildad del Inmaculado Corazón de María fundada en el bajo concepto que tenía de sí misma. ¿Qué cosa se puede imaginar tan grande y prodigiosa como el tesoro de dones y privilegios con que fue enriquecida María? Y no obstante en el colmo de los honores no se llamó con otro nombre que con el de humilde sierva del Señor. Humildad de entendimiento, que, conociendo su dignidad, se reputa indigna de tantos favores, y piensa con toda sinceridad que en otro hubieran tenido más digna correspondencia; humildad que le hace conocer que su amor a Dios, sin embargo de ser sumo, es infinitamente inferior a la dignidad del Altísimo. Humildad que, por lo mismo, infunde en su Corazón un profundo sentimiento de sumisión, de dependencia y de servidumbre respecto de Dios, y la hace prorrumpir en sentidas quejas y lamentos de no poder amar y ser agradecida a su Bienhechor, como Él merece, y que la hace temer que tal vez no corresponde como pudiera a sus favores. Y así cuanto más perfectamente conoce María la grandeza de los dones recibidos de Dios, tanto más se humilla en su Corazón por sus cortos méritos, por su desigual correspondencia, por su nada.

2°. Considera la humildad del Inmaculado Corazón de María en el afecto que tuvo a las humillaciones y a los desprecios. No es gran cosa, dice San Bernardo in Cant. Serm. 42, ser humilde por el conocimiento de sí mismo que causa la verdad o el pecado, porque la humildad en estos casos carece del calor del afecto. El sumo valor y perfección de la humildad consiste en ser humilde de corazón, esto es, por amor al propio envilecimiento. ¿Qué afecto no alimentó María constantemente en su Corazón a los desprecios y humillaciones? ¿Cuándo buscó ser conocida como descendiente de David y Madre de Dios, o más bien, cuándo no procuró encubrir los dones del Espíritu Santo hasta poner su propio honor en peligro en el concepto de otro? ¡Con qué júbilo no sufría las afrentas de sus inferiores, hasta el punto de ser señalada con el dedo como madre de un infame malhechor! Esta es la verdadera humildad del corazón, porque lo es de la voluntad, del afecto y del deseo; humildad unida en María a una conciencia sin mancha, y a la plenitud de la gracia; humildad que se ruboriza de los favores y se regocija entre los oprobios. ¡Cuántas veces, levantando sus ojos al Cielo, repetiría en su Corazón Bonum mihi quia humiliasti me! (Psalm 118).

3°. Considera como la Virgen reunió también en su Corazón la mansedumbre a la humildad, y pudo decir con su divino hijo: aprended de mí que soy mansa y humilde de corazón. Así como la presunción trae su origen del orgullo, la mansedumbre procede de la humildad; y el corazón que la posee permanece inmutable e indiferente entre los honores y las ignominias. ¿Cuándo demostró la Santísima Virgen el menor resentimiento contra los que reusaron darle hospedaje por una sola noche en Belén, o contra los que injuriaban y perseguían a su inocentísimo Hijo? ¿Cuándo se oyó de su boca la menor queja por su pobreza y por los trabajos del viaje a Egipto a que la obligó la crueldad de un tirano? ¿Cuándo dio la menor señal de rencor contra los que crucificaron a su Hijo, que con razón pudieran llamarse verdugos de su propio Corazón? Muy al contrario, interpuso en favor de ellos su intercesión, y acompañó con sus oraciones las plegarias que por ellos hizo Jesucristo moribundo. Aun exteriormente demostraba María la interior mansedumbre de su Corazón.


COLOQUIO

¡Oh humildísima y mansísima Virgen!, estas dos hermosas virtudes os han hecho no solo árbitro del Corazón de Dios, sino también Señora de los corazones de los hombres. Por ellas nunca la detiene el temor para acercarse a Vos la flaqueza humana, que halla siempre en Vos acceso fácil y misericordioso; nada hay en Vos que sea austero, terrible; toda sois dulzura, suavidad, mansedumbre. ¿En qué página de la historia evangélica se lee que haya salido de vuestros labios la palabra menos áspera, ni que hayáis dado el menor indicio de resentimiento? Por esto recurro a Vos, oh María, con la segura confianza de que escuchéis con la misma mansedumbre a vuestro siervo; y no os pido otra cosa sino que imploréis por mí un corazón humilde, manso como el vuestro. ¡Oh! y ¡cuántos motivos veo en mí para humillarme por mi indignidad y miseria! y no obstante mi corazón aborrece toda humillación, y sólo anhela la estimación y aplausos del mundo. Cambiad, Virgen poderosísima, este mi corazón, e infúndele el espíritu de humildad y mansedumbre que destruya todos los resortes del orgullo de que hasta aquí se ha dejado vencer y dominar. Amén.


OFRECIMIENTO

Os damos gracias, Señor y Dios nuestro, por los sentimientos y afectos que en esta meditación nos habéis inspirado; os los ofrecemos en holocausto por nuestros pecados. Os los ofrecemos, Señor, para que los purifiquéis de sus defectos e imperfecciones, y los hagáis vuestros y dignos de vos. En este breve rato, que hemos ocupado en la consideración de los afectos que sintió el Corazón Inmaculado de María, hemos sentido nosotros también nuevas y fuertes impresiones; y el contraste de tanta pureza y amor con la sentina de nuestros vicios y maldades, ha excitado en nuestro corazón deseos vehementes de participar de aquellos dones de que Vos con tanta largueza llenasteis el Corazón de vuestra Madre. Nuestro corazón ha latido de amor y ternura junto al Corazón de María, y aunque embotarlas y flojas sus cuerdas han resonado heridas por el impulso del Corazón de Nuestra Madre, el corazón de un hijo no podía permanecer frío e insensible cuando su Madre padece, gime, suspira, llora, goza. Introducidos en el Corazón Inmaculado de María hemos examinado los resortes de aquellos actos purísimos de que fue instrumento, y nuestros ojos de carne han visto las conmociones íntimas y tiernísimas que le agitaban, y lo que nuestro espíritu apenas creía, se nos ha presentado con una luz y claridad que nos es imposible desconocerlo. Hemos puesto la mano sobre aquel Corazón Inmaculado, y nuestra fe, como Santo Tomás, ha reconocido a su contacto los dones de vuestra gracia. Hemos sentido derretirse como cera aquel corazón al ardor de vuestros amorosos rayos, para que pudiese derramarse todo entero sobre nosotros. ¡Ah Señor, no sean pérdidas para vuestras criaturas tantas gracias! vuestra misericordia está interesada en que correspondan a los designios de vuestra bondad. Haced que grabados profundamente hasta penetrar de parte a parte nuestro corazón estos sentimientos, perseveren en el propósito sincero que hemos formado de ser de día en día más sensibles a vuestro amor, y apartar nuestra alma de los placeres sensuales y mundanos que solo engendran fastidio y amargura. Oíd, Padre de toda bondad, por el Corazón de vuestra Madre y nuestra estas súplicas que os dirigen vuestros hijos, y haced que sus obras sean dignas de Vos, y de la gloria que les habéis preparado en el Cielo. Amén.







18_06_02

NOVENA AL INMACULADO CORAZÓN DE MARIA Día 4



NOVENA AL INMACULADO 
CORAZÓN DE MARIA

Día 4


PREPARACIÓN

Señor mío Jesucristo, Creador, Padre y Redentor mío, ahí tenéis postrado a vuestros pies a este miserable pecador que, arrepentido de sus pecados, acude a Vos como a la fuente de toda gracia, e invoca vuestro Santo Nombre para hacer devotamente esta novena. Vos, Señor, os habéis reservado de una manera especial el principio de toda buena obra, y sin Vos es imposible aun el deseo de hacer el bien. La misma gracia que ha dirigido mis pies a este santo templo, y descubierto a mis ojos esta sagrada imagen fuente de todo amor y consolación, espero que continúe en mí su obra y la llevará a su perfección.
No permitáis pues, Señor, que mi espíritu se distraiga en otros pensamientos que los que Vos en este breve rato os dignéis excitar en él, y que mi corazón, ajeno y purificado de todos los afectos de la tierra, sólo se abra a los purísimos sentimientos de amor y ternura que nos habéis enseñado en este símbolo vivo de toda caridad y amabilidad. Somos tan carnales y tan propensos a todo lo que halaga nuestros sentidos que, con frecuencia, torcemos a fines enteramente opuestos los mismos objetos que vuestro amor nos propone para despegarnos de la carne, y confundiendo nuestra sensibilidad con los puros y santos afectos de vuestro amor, muchas veces nuestra devoción y compunción no pasa de un sentimiento material y tierno. Hacednos por lo mismo la gracia de que al considerar los afectos del Corazón Inmaculado de María entremos en este tabernáculo del amor de la ternura con aquellas castas disposiciones dignas del tálamo de la más pura de las vírgenes. Y con mayor instancia imploro en este momento vuestra gracia, porque si llegase a tal punto mi insensibilidad que mi corazón permaneciese frio en medio de este incendio, podría con razón temer que había merecido el castigo de que vuestro amor me abandonase a mi indiferencia. Sin duda mis pecados ésto y más han merecido; pero vuestra gran misericordia los cubre todos, y vuestra bondad no repara en la ingratitud pasada del que implora con humildad vuestro perdón. Así nos lo hace esperar este Corazón cuyos santos y purísimos afectos nos proponéis como modelo de los más puros y generosos sentimientos, y como prenda de toda suerte de gracias y merecimientos. Por el Corazón Inmaculado de María, en cuyas venas se formó la Sangre que fue derramada por nosotros en la cruz, concedednos la gracia de hacer con fruto esta novena.


DÍA CUARTO

CUALIDADES SINGULARES DEL AMOR DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA A LAS TRES DIVINAS PERSONAS

1°. Considera la cualidad del amor del Inmaculado Corazón de María a las tres divinas Personas. Siendo el amor un movimiento del alma hacia el objeto amado, las relaciones particulares que existen entre el amante y el amado hacen que tome una especie, un carácter y una cualidad determinada y especial. El amor de un padre a su hijo es distinto del de un esposo a su esposa, de un amigo a un amigo, y esta diversidad causa sensaciones del todo distintas en el corazón del amante. ¿Cuáles debieron ser las relaciones de María con el Padre divino por haber tenido ambos un mismo Hijo? Porque Jesucristo, Hijo del Padre Eterno por su ser increado desde la eternidad, fue también Hijo de María en cuanto al ser creado en el tiempo. Todo de Dios, todo de la Virgen… no eran dos hijos, sino un mismo hijo de ambos. S. Bern. de laud. Vírig. hom. 3. Ahora bien, la consideración de que su Hijo Jesús era también Hijo del Padre Eterno debía infundir en el Alma de María, y por correspondencia a su Corazón, un sentimiento y una sensación de amor hacia el Padre divino toda nueva, singular, inefable. Los Santos le amaron como a su Padre por creación, por adopción y por beneficencia; pero María le amó además como Padre de aquel Hijo que era, al mismo tiempo, Hijo suyo verdadero y natural. ¿Qué cualidad tan singular de amor no excitaría este reflejo en su corazón?

2°. Considera la cualidad del amor del Inmaculado Corazón de María hacia el Hijo divino hecho hombre. Este amor era un amor de Madre inspirado por la naturaleza e infundido en su Corazón por el Espíritu Santo su Esposo; amor aumentado por las fatigas, por los peligros y trabajos que arrastró para alimentarle y defenderle; amor de un hijo único, amable sobre todos los hijos, obediente, inocente y virtuoso. Amor de un Hijo enviado a la tierra por el Padre Eterno, y de quien depende la salud de todo el género humano; amor finalmente de un Hijo Dios y hombre. Sólo María ha podido entender, y su Corazón sentir lo que es amar con un amor de madre a un Dios hecho su Hijo. El amor de los Santos a Jesús fue un amor de amistad, de hermandad fundado en la gracia; pero el amor de María a Jesús fue el amor de una Madre verdadera, fundado en la naturaleza, fue el amor de un Hijo en quien había trasfundido su propia sustancia y alimentado con su propia leche. ¿Quién podrá imaginar la amorosa sensibilidad de su Corazón, cuando estrechando en su seno a este Hijo divino, le dijera: Tú eres mi Hijo y has sido engendrado en mis entrañas: Filius meus es tu, ego genui te?

3°. Considera la cualidad del amor del Inmaculado Corazón de María hacia el Espíritu Santo. Amor de una esposa a su esposo, no terreno y carnal, sino de un orden sobrenatural nunca participado a otra criatura. Amor de esposa que empezó a hacerse sensible en su Corazón, cuando dio su consentimiento para que el Espíritu Santo sobreviniese en Ella para fecundarla y hacerla Madre del Unigénito Hijo de Dios. Amor de esposa que ató su Corazón con nudo inviolable al divino Espíritu, cuando concurrió con Él a revestir de carne humana al Hijo divino, suministrando con su purísima sangre la materia que se formaba y organizaba aquel Sacratísimo Cuerpo. ¿Qué especie de amor tan nuevo no concebiría María hacia el Espíritu Santo, al verse fecundada por Él y de una manera tan portentosa de un fruto divino? ¿Quién podrá describir los movimientos del Corazón de aquella Santa y tierna Virgen, al verse enriquecida con el anillo nupcial de un desposorio espiritual y divino? Es de todo punto imposible imaginar los afectos del Corazón de María hecha Esposa del Espíritu Santo, y por su obra Madre de un Dios.


COLOQUIO

¡Virgen Santísima, tálamo inmaculado del divino Espíritu! Sólo Vos habéis recibido en vuestro Corazón todas las grandes y suavísimas heridas del amor. Yo me creería feliz, decía San Bernardo, de sólo sentir de vez en cuando las punzadas de este dardo de amor; ¡oh! y quien me diera que fuese no solamente herido sino combatido y vencido. Quis mihi tribuat in hunc modum non vulnerari, sed expugnari omnino? Vos, Virgen Santísima, implorad por mí del divino Espíritu amor de caridad y gratitud por los dones recibidos; Vos que tenéis a vuestra disposición los tesoros de su amor, Vos en quien es tan abundante el maná celestial, dad de comer, oh Señora, a vuestros pobres siervos de este pan de vida, y coman vuestros perritos las migajas que caen de vuestra mesa. “Ciba pauperes tuos, Domine, ipsi quoque catelli de micis edant. S. Bern. Infr. Octav. Asump. Serm”: Vos fuiste fecundada del amor divino para que todos participasen de vuestra plenitud y abundancia, y Esposa de la misma Caridad divina, pudieseis dispensar sus riquezas a vuestros siervos, oh esposa Inmaculada del Altísimo, oh Virgen bendita por todos los siglos. Amén.


OFRECIMIENTO

Os damos gracias, Señor y Dios nuestro, por los sentimientos y afectos que en esta meditación nos habéis inspirado; os los ofrecemos en holocausto por nuestros pecados. Os los ofrecemos, Señor, para que los purifiquéis de sus defectos e imperfecciones, y los hagáis vuestros y dignos de vos. En este breve rato, que hemos ocupado en la consideración de los afectos que sintió el Corazón Inmaculado de María, hemos sentido nosotros también nuevas y fuertes impresiones; y el contraste de tanta pureza y amor con la sentina de nuestros vicios y maldades, ha excitado en nuestro corazón deseos vehementes de participar de aquellos dones de que Vos con tanta largueza llenasteis el Corazón de vuestra Madre. Nuestro corazón ha latido de amor y ternura junto al Corazón de María, y aunque embotarlas y flojas sus cuerdas han resonado heridas por el impulso del Corazón de Nuestra Madre, el corazón de un hijo no podía permanecer frío e insensible cuando su Madre padece, gime, suspira, llora, goza. Introducidos en el Corazón Inmaculado de María hemos examinado los resortes de aquellos actos purísimos de que fue instrumento, y nuestros ojos de carne han visto las conmociones íntimas y tiernísimas que le agitaban, y lo que nuestro espíritu apenas creía, se nos ha presentado con una luz y claridad que nos es imposible desconocerlo. Hemos puesto la mano sobre aquel Corazón Inmaculado, y nuestra fe, como Santo Tomás, ha reconocido a su contacto los dones de vuestra gracia. Hemos sentido derretirse como cera aquel corazón al ardor de vuestros amorosos rayos, para que pudiese derramarse todo entero sobre nosotros. ¡Ah Señor, no sean pérdidas para vuestras criaturas tantas gracias! vuestra misericordia está interesada en que correspondan a los designios de vuestra bondad. Haced que grabados profundamente hasta penetrar de parte a parte nuestro corazón estos sentimientos, perseveren en el propósito sincero que hemos formado de ser de día en día más sensibles a vuestro amor, y apartar nuestra alma de los placeres sensuales y mundanos que solo engendran fastidio y amargura. Oíd, Padre de toda bondad, por el Corazón de vuestra Madre y nuestra estas súplicas que os dirigen vuestros hijos, y haced que sus obras sean dignas de Vos, y de la gloria que les habéis preparado en el Cielo. Amén.





NOVENA AL INMACULADO CORAZÓN DE MARIA Día 3


NOVENA AL INMACULADO 
CORAZÓN DE MARIA


Día 3


PREPARACIÓN

Señor mío Jesucristo, Creador, Padre y Redentor mío, ahí tenéis postrado a vuestros pies a este miserable pecador que, arrepentido de sus pecados, acude a Vos como a la fuente de toda gracia, e invoca vuestro Santo Nombre para hacer devotamente esta novena. Vos, Señor, os habéis reservado de una manera especial el principio de toda buena obra, y sin Vos es imposible aun el deseo de hacer el bien. La misma gracia que ha dirigido mis pies a este santo templo, y descubierto a mis ojos esta sagrada imagen fuente de todo amor y consolación, espero que continúe en mí su obra y la llevará a su perfección.
No permitáis pues, Señor, que mi espíritu se distraiga en otros pensamientos que los que Vos en este breve rato os dignéis excitar en él, y que mi corazón, ajeno y purificado de todos los afectos de la tierra, sólo se abra a los purísimos sentimientos de amor y ternura que nos habéis enseñado en este símbolo vivo de toda caridad y amabilidad. Somos tan carnales y tan propensos a todo lo que halaga nuestros sentidos que, con frecuencia, torcemos a fines enteramente opuestos los mismos objetos que vuestro amor nos propone para despegarnos de la carne, y confundiendo nuestra sensibilidad con los puros y santos afectos de vuestro amor, muchas veces nuestra devoción y compunción no pasa de un sentimiento material y tierno. Hacednos por lo mismo la gracia de que al considerar los afectos del Corazón Inmaculado de María entremos en este tabernáculo del amor de la ternura con aquellas castas disposiciones dignas del tálamo de la más pura de las vírgenes. Y con mayor instancia imploro en este momento vuestra gracia, porque si llegase a tal punto mi insensibilidad que mi corazón permaneciese frio en medio de este incendio, podría con razón temer que había merecido el castigo de que vuestro amor me abandonase a mi indiferencia. Sin duda mis pecados ésto y más han merecido; pero vuestra gran misericordia los cubre todos, y vuestra bondad no repara en la ingratitud pasada del que implora con humildad vuestro perdón. Así nos lo hace esperar este Corazón cuyos santos y purísimos afectos nos proponéis como modelo de los más puros y generosos sentimientos, y como prenda de toda suerte de gracias y merecimientos. Por el Corazón Inmaculado de María, en cuyas venas se formó la Sangre que fue derramada por nosotros en la cruz, concedednos la gracia de hacer con fruto esta novena.


DÍA TERCERO

AMOR DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA A DIOS

1°. Considera el amor del Inmaculado Corazón de María a Dios ya desde el principio de su existencia. ¿Qué Santo puede gloriarse de haber amado a Dios desde su concepción? Pues el amor de María a Dios empezó en aquel instante. Prevenida ya en el primer momento de su vida con el libre uso de la razón, enriquecida con el hábito de la fe, de la esperanza y de la caridad, ilustrada además con luces sobrenaturales, y excitada al bien con gracias extra ordinarias, los primeros movimientos de su voluntad se dirigieron con ímpetu violentísimo hacia Dios a quien conoció con profundo conocimiento como el único bien verdadero, liberal, bienhechor y soberano Señor de todas las criaturas. ¿Cuáles debieron ser en aquellos primeros instantes los movimientos del inocentísimo Corazón de María hacia Dios? ¡Qué sentimientos de acciones de gracias y gratitud no experimentaría en vez de aquel Señor de quien se vio tan amada y tan colmada de privilegios!

2°. Considera el amor del Inmaculado Corazón de María a Dios en sus progresos. Es sentir de muchos doctores que María ya en el primer instante de su concepción amó más a Dios que ningún otro Santo al fin de sus días. ¿Cómo crecería pues en el largo curso de su vida sobre la tierra un amor tan íntimo en sus principios , un amor provocado por instantes- con nuevos favores, fecundizado con abundantísimas gracias, nunca interrumpido, ni retardado, ni distraído por otras inclinaciones , sino fomentado y nutrido con deseos incesantes de amar siempre más? Amor que se redobló en el momento en que se sintió fecundada por el Espíritu Santo, y más todavía cuando estrechó en sus brazos a su Dios revestido de carne mortal. No es exageración decir, que creciendo por instantes este amor en el Santísimo Corazón de María, llegó a causar en Él tal incendio, que le hubiera consumido y reducido a cenizas, si su amante no le hubiese conservado incombustible en medio de esta fragua de amor.

3°. Considera el amor del Inmaculado Corazón de María en su intensidad. ¿Qué se puede ya añadir a lo dicho que exprese debidamente la intimidad y vehemencia del amor de este abrasado Corazón? ¿Se podrá nunca comprender lo que es el amor a Dios de un Corazón que en el sentir de muchos doctores llega a amarle más que todos los Santos juntos en la tierra? La violencia del amor divino hizo dilatar una costilla en el pecho de Felipe Neri; sus ardores vehementísimos obligaban a Francisco Javier a abrirse los vestidos hasta la carne; el mismo fue que, con una saeta arrojada por mano de un serafín, hirió de muerte el corazón de Teresa de Jesús; y el amor de estos Santos sería apenas una pequeña chispa del incendio que abrasaba el Corazón de María. Si fuese posible formamos idea de un corazón en el cual estuviese concentrado el fuego de amor divino de todos los Santos y justos de la tierra, este solamente sería en alguna manera comparable al abrasado Corazón de María. ¿Cómo pues se podrá comprender, concebir, o imaginar siquiera la intensidad del amor del Corazón de María a Dios?


COLOQUIO

¡Virgen amantísima del sumo Dios! permitid que tome una centella del fuego que abrasa vuestro ardorosísimo Corazón, para encender en el mío una llama de amor divino que le consuma y reduzca a cenizas. Y si posible fuera, Madre mía, quisiera también una centella de aquel amor con que el Corazón de Jesús correspondió al Vuestro, para excitar también en el mío un incendio de amor hacia vos. ¡Qué dicha la mía si todo mi amor se dirigiese a Dios, y después de Dios a Vos, o María, en quien ha sido tan glorificada la grandeza y bondad de mi Criador! Pero ¡ay de mí, Virgen Santísima! mi corazón ha sido hasta el presente víctima de un amor sensual y terreno, que no me ha dejado saborear las dulzuras del amor divino y de las cosas celestiales. Extinguid, pues, ante todo estas llamas impuras, y derramad después sobre mi corazón el fuego del cielo que, a manera de holocausto destinado al sacrificio, le abrase y consuma con un incendio de amor a la gloria de Dios, que Vos promovisteis con tanto anhelo en la tierra, y que ahora amáis todavía más en el Cielo. Amén.


OFRECIMIENTO

Os damos gracias, Señor y Dios nuestro, por los sentimientos y afectos que en esta meditación nos habéis inspirado; os los ofrecemos en holocausto por nuestros pecados. Os los ofrecemos, Señor, para que los purifiquéis de sus defectos e imperfecciones, y los hagáis vuestros y dignos de vos. En este breve rato, que hemos ocupado en la consideración de los afectos que sintió el Corazón Inmaculado de María, hemos sentido nosotros también nuevas y fuertes impresiones; y el contraste de tanta pureza y amor con la sentina de nuestros vicios y maldades, ha excitado en nuestro corazón deseos vehementes de participar de aquellos dones de que Vos con tanta largueza llenasteis el Corazón de vuestra Madre. Nuestro corazón ha latido de amor y ternura junto al Corazón de María, y aunque embotarlas y flojas sus cuerdas han resonado heridas por el impulso del Corazón de Nuestra Madre, el corazón de un hijo no podía permanecer frío e insensible cuando su Madre padece, gime, suspira, llora, goza. Introducidos en el Corazón Inmaculado de María hemos examinado los resortes de aquellos actos purísimos de que fue instrumento, y nuestros ojos de carne han visto las conmociones íntimas y tiernísimas que le agitaban, y lo que nuestro espíritu apenas creía, se nos ha presentado con una luz y claridad que nos es imposible desconocerlo. Hemos puesto la mano sobre aquel Corazón Inmaculado, y nuestra fe, como Santo Tomás, ha reconocido a su contacto los dones de vuestra gracia. Hemos sentido derretirse como cera aquel corazón al ardor de vuestros amorosos rayos, para que pudiese derramarse todo entero sobre nosotros. ¡Ah Señor, no sean pérdidas para vuestras criaturas tantas gracias! vuestra misericordia está interesada en que correspondan a los designios de vuestra bondad. Haced que grabados profundamente hasta penetrar de parte a parte nuestro corazón estos sentimientos, perseveren en el propósito sincero que hemos formado de ser de día en día más sensibles a vuestro amor, y apartar nuestra alma de los placeres sensuales y mundanos que solo engendran fastidio y amargura. Oíd, Padre de toda bondad, por el Corazón de vuestra Madre y nuestra estas súplicas que os dirigen vuestros hijos, y haced que sus obras sean dignas de Vos, y de la gloria que les habéis preparado en el Cielo. Amén.


Se puede rezar el Santo Rosario…






NOVENA AL INMACULADO CORAZÓN DE MARIA Día 2




NOVENA AL INMACULADO 
CORAZÓN DE MARIA

 Día 2

PREPARACIÓN

Señor mío Jesucristo, Creador, Padre y Redentor mío, ahí tenéis postrado a vuestros pies a este miserable pecador que, arrepentido de sus pecados, acude a Vos como a la fuente de toda gracia, e invoca vuestro Santo Nombre para hacer devotamente esta novena. Vos, Señor, os habéis reservado de una manera especial el principio de toda buena obra, y sin Vos es imposible aun el deseo de hacer el bien. La misma gracia que ha dirigido mis pies a este santo templo, y descubierto a mis ojos esta sagrada imagen fuente de todo amor y consolación, espero que continúe en mí su obra y la llevará a su perfección.
No permitáis pues, Señor, que mi espíritu se distraiga en otros pensamientos que los que Vos en este breve rato os dignéis excitar en él, y que mi corazón, ajeno y purificado de todos los afectos de la tierra, sólo se abra a los purísimos sentimientos de amor y ternura que nos habéis enseñado en este símbolo vivo de toda caridad y amabilidad. Somos tan carnales y tan propensos a todo lo que halaga nuestros sentidos que, con frecuencia, torcemos a fines enteramente opuestos los mismos objetos que vuestro amor nos propone para despegarnos de la carne, y confundiendo nuestra sensibilidad con los puros y santos afectos de vuestro amor, muchas veces nuestra devoción y compunción no pasa de un sentimiento material y tierno. Hacednos por lo mismo la gracia de que al considerar los afectos del Corazón Inmaculado de María entremos en este tabernáculo del amor de la ternura con aquellas castas disposiciones dignas del tálamo de la más pura de las vírgenes. Y con mayor instancia imploro en este momento vuestra gracia, porque si llegase a tal punto mi insensibilidad que mi corazón permaneciese frio en medio de este incendio, podría con razón temer que había merecido el castigo de que vuestro amor me abandonase a mi indiferencia. Sin duda mis pecados ésto y más han merecido; pero vuestra gran misericordia los cubre todos, y vuestra bondad no repara en la ingratitud pasada del que implora con humildad vuestro perdón. Así nos lo hace esperar este Corazón cuyos santos y purísimos afectos nos proponéis como modelo de los más puros y generosos sentimientos, y como prenda de toda suerte de gracias y merecimientos. Por el Corazón Inmaculado de María, en cuyas venas se formó la Sangre que fue derramada por nosotros en la cruz, concedednos la gracia de hacer con fruto esta novena.



DÍA SEGUNDO

PUREZA PRIVILEGIADA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA


1°. Considera la pureza del Inmaculado Corazón de María por parte de su voluntad. Entre los sublimes privilegios con que fue enriquecida por Dios esta Virgen predestinada para Madre del Verbo divino, es uno de los más incomparables el haber sido constituida y confirmada en el bien; por manera que no sólo no perdiese jamás la gracia por culpa grave, sino que nunca se entibiara su caridad por imperfecciones y culpas veniales. Y así la voluntad de María nunca concibió afecto alguno o deseo que no fuese perfectamente conforme a la voluntad de Dios, y por lo mismo nunca comunicó a su Corazón ninguno de aquellos movimientos desordenados que proceden de una voluntad menos recta. Por lo tanto el Corazón de María es el único entre todos los corazones que puede gloriarse de una preservación tan privilegiada, y de ser y poder decirse un Corazón toda pureza, un Corazón intacto, sin mácula y sin desorden.

2°. Considera la pureza del Inmaculado Corazón de María por parte de los apetitos sensitivos. ¿Qué Santo no ha sentido en su corazón algunas alteraciones indeliberadas contrarias al apetito racional? ¿Puede citarse un solo justo que no haya experimentado los embates de las pasiones, y no haya sentido en sus miembros una ley contraria a la ley del espíritu? María es la única criatura que ha estado exenta de estos choques y asaltos. Extinguido de raíz en Ella ya desde el primer instante de su vida el fómite del pecado, nunca la más débil inclinación al mal alteró la calma de sus apetitos, ni le causó una sensación menos ordenada; en su Corazón purísimo, por lo mismo, nunca sufrió alteración alguna causada por el fómite del pecado o por la rebeldía de las pasiones. En este privilegio no hay criatura alguna comparable al Corazón de María, cuya pureza no solo no fue nunca manchada, pero ni aun combatida por pasiones desordenadas.

3°. Considera la pureza del Inmaculado corazón de María por haber estado libre de las tentaciones interiores del demonio. ¿Osará el infernal espíritu combatir el Corazón de aquella invencible Virgen que le tenía rendido y atado bajo sus plantas? Y aun sin esto, ¿hubiera Dios permitido que el demonio introdujese la guerra en lo interior de aquel templo, destinado para tálamo sacrosanto y habitación inmaculada de su hijo? Nunca el maligno espíritu molestó ni conmovió la mente e imaginación de María con fantasmas o ilusiones impuras, ni turbó con sugestiones interiores la tranquilidad de su purísimo Corazón. Y esta es otra razón de la excelencia del Corazón de María sobre los corazones de todos los Santos, porque su pureza no sólo no fue vencida por el demonio, mas ni aun empañada con el más ligero hálito del espíritu de la carne.


COLOQUIO

Me congratulo con Vos, Virgen Santísima, por el don tan singular de pureza que preservó a vuestro Corazón de toda mácula de pecado y de todo combate del enemigo. ¿Podrán mirar sin horror vuestros purísimos ojos, Virgen pura, este mi corazón contaminado de toda especie de culpas, y llagado de innumerables heridas del enemigo infernal? Este, Virgen purísima, es un motivo de más para que tengáis piedad de este miserable; sus mismas llagas deben excitar en vuestro amorosísimo Corazón más vivos sentimientos de compasión para con este infeliz. Vuestra eficaz intercesión puede procurar a mi corazón la medicina y salud que le limpie y purifique de sus pecados, y le haga digno objeto de complacencia a vuestros ojos y a los de vuestro divino Hijo. Dignaos pues, Virgen clementísima, oír mis súplicas, curar mis llagas; sed mi escudo y defensa contra los ataques de las pasiones que sin tregua combaten mi corazón. Alejad de mí al maligno espíritu, refrenad la violencia de las pasiones, para que mi alma pueda sin estorbo ocuparse en daros gracias por vuestra misericordia, y en imitar en lo posible la pureza de vuestro inocentísimo Corazón. Amén.


OFRECIMIENTO

Os damos gracias, Señor y Dios nuestro, por los sentimientos y afectos que en esta meditación nos habéis inspirado; os los ofrecemos en holocausto por nuestros pecados. Os los ofrecemos, Señor, para que los purifiquéis de sus defectos e imperfecciones, y los hagáis vuestros y dignos de vos. En este breve rato, que hemos ocupado en la consideración de los afectos que sintió el Corazón Inmaculado de María, hemos sentido nosotros también nuevas y fuertes impresiones; y el contraste de tanta pureza y amor con la sentina de nuestros vicios y maldades, ha excitado en nuestro corazón deseos vehementes de participar de aquellos dones de que Vos con tanta largueza llenasteis el Corazón de vuestra Madre. Nuestro corazón ha latido de amor y ternura junto al Corazón de María, y aunque embotarlas y flojas sus cuerdas han resonado heridas por el impulso del Corazón de Nuestra Madre, el corazón de un hijo no podía permanecer frío e insensible cuando su Madre padece, gime, suspira, llora, goza. Introducidos en el Corazón Inmaculado de María hemos examinado los resortes de aquellos actos purísimos de que fue instrumento, y nuestros ojos de carne han visto las conmociones íntimas y tiernísimas que le agitaban, y lo que nuestro espíritu apenas creía, se nos ha presentado con una luz y claridad que nos es imposible desconocerlo. Hemos puesto la mano sobre aquel Corazón Inmaculado, y nuestra fe, como Santo Tomás, ha reconocido a su contacto los dones de vuestra gracia. Hemos sentido derretirse como cera aquel corazón al ardor de vuestros amorosos rayos, para que pudiese derramarse todo entero sobre nosotros. ¡Ah Señor, no sean pérdidas para vuestras criaturas tantas gracias! vuestra misericordia está interesada en que correspondan a los designios de vuestra bondad. Haced que grabados profundamente hasta penetrar de parte a parte nuestro corazón estos sentimientos, perseveren en el propósito sincero que hemos formado de ser de día en día más sensibles a vuestro amor, y apartar nuestra alma de los placeres sensuales y mundanos que solo engendran fastidio y amargura. Oíd, Padre de toda bondad, por el Corazón de vuestra Madre y nuestra estas súplicas que os dirigen vuestros hijos, y haced que sus obras sean dignas de Vos, y de la gloria que les habéis preparado en el Cielo. Amén.



Se puede rezar el  Santo Rosario…